Hablar del futuro suele sonar abstracto, lejano, casi como algo que ya veremos después. Pero para Anna Viesca Sánchez, el futuro es ahora, y sobre todo, es un derecho. Un derecho que hoy está en riesgo para millones de jóvenes en México que crecen entre crisis climática, desigualdad, violencia y falta de oportunidades.
Desde su activismo, Anna ha puesto sobre la mesa una idea muy clara: no es normal que a las juventudes se nos pida adaptarnos a un mundo que se está cayendo a pedazos. Y tampoco es justo que carguemos con las consecuencias de decisiones que no tomamos.
Un futuro que sí se pueda vivir
Cuando Anna habla de un “futuro habitable”, no se refiere solo a salvar árboles o bajar emisiones. Habla de algo mucho más cotidiano: poder respirar aire limpio, tener agua, acceso a espacios públicos seguros, educación, salud mental y la posibilidad real de imaginar una vida digna.
Su trabajo conecta el ambientalismo con los derechos de las juventudes, dejando claro que la crisis climática también es una crisis generacional. Porque no afecta igual a quien ya hizo su vida que a quienes apenas están empezando.
Juventudes cansadas, pero no indiferentes
Anna suele decir que las juventudes no están apáticas, están agotadas. Agotadas de promesas vacías, de discursos verdes que no cambian nada y de políticas que nunca nos toman en serio. Por eso, gran parte de su activismo se enfoca en abrir espacios donde las y los jóvenes puedan participar, opinar y organizarse sin ser minimizados.
Desde charlas hasta acciones colectivas, su mensaje es simple pero potente: tenemos derecho a decidir sobre el mundo en el que vamos a vivir.
Del enojo a la acción
Lejos de romantizar la precariedad, Anna transforma el enojo generacional en propuesta. Habla de justicia climática, sí, pero también de empleo digno, de educación con sentido social y de políticas públicas pensadas para quienes heredarán el país.
Su apuesta no es el miedo, sino la responsabilidad compartida. Porque defender el futuro no es un capricho juvenil: es una necesidad urgente.
Imaginar otro mañana
En un contexto donde a muchas juventudes se les dice que “ya no hay nada que hacer”, Anna Viesca Sánchez insiste en lo contrario. Que todavía se puede cambiar el rumbo, pero solo si dejamos de ver a las juventudes como el problema y empezamos a verlas como parte central de la solución.
Al final, su activismo recuerda algo básico pero poderoso:
tener futuro no debería ser un privilegio, sino un derecho.