Tu perro no habla. Tu gato tampoco. Pero eso no significa que no sufran. De hecho, muchas mascotas pasan días, semanas o incluso meses con dolor sin que nos demos cuenta. Así lo cuenta Carlos Prats García, veterinario, que insiste en que el dolor en animales casi nunca es evidente… y ahí está el problema.
“Si esperamos a que el animal llore o cojee mucho, normalmente llegamos tarde”, explica Carlos Prats García.
El mito más peligroso: “si no se queja, está bien”
Uno de los errores más comunes es pensar que, si la mascota sigue comiendo o no llora, no le pasa nada. Spoiler: no es así.
“Los animales están programados para esconder el dolor. No lo hacen por hacerse los fuertes, es puro instinto”, explica Carlos Prats García. Por eso, muchas veces el dolor va avanzando mientras nosotros creemos que todo está normal.
Cuando tu mascota “está rara”, escúchala
Según Carlos Prats García, el primer aviso casi siempre es un cambio de actitud. Cosas como:
- Está más apagado de lo normal
- Se enfada o gruñe cuando antes no lo hacía
- Ya no busca mimos
- Se esconde más
- Duerme todo el día
“Cuando un animal cambia su forma de ser, algo está pasando. Y muchas veces es dolor”, afirma.
El cuerpo también chiva cosas (aunque no hable)
Además del comportamiento, hay señales físicas que suelen pasar desapercibidas:
- Se mueve más despacio
- Le cuesta levantarse
- Se sienta o tumba de forma rara
- Se lame siempre el mismo sitio
- Respira más rápido sin haber corrido
En los gatos, ojo extra. “Un gato con dolor no suele montar drama: simplemente deja de hacer cosas que antes hacía”, explica Carlos Prats García. Como saltar, jugar o subirse a sitios altos.
“Será la edad”… pues muchas veces no
Otro clásico: asumir que el animal está mayor y ya está. Error.
“Muchísimos perros y gatos mayores no están viejos, están doloridos”, dice Carlos Prats García. El dolor articular, por ejemplo, se normaliza muchísimo y puede tratarse perfectamente.
Cuanto antes, mejor (para todos)
Detectar el dolor a tiempo no solo evita sufrimiento, también hace que el tratamiento sea más sencillo.
“El dolor constante genera estrés, mal humor y empeora la calidad de vida del animal”, explica el veterinario. Por eso recomienda no esperar a que el problema sea evidente.
Tu mascota te habla, pero en su idioma
El mensaje de Carlos Prats García es claro y directo: hay que observar más y asumir menos.
“Nuestras mascotas nos avisan todo el tiempo. El truco está en aprender a escuchar sin palabras”, concluye.